La Coctelera

LA MALA VENTURA

andamiajes, conjuros, moratorias y hechicerías

Categoría: Incompresiones

20 Enero 2008

Mi novio vive en el polo

Mi novio vive en el polo. Hace unos cuantos meses, mi novio me cogió de la mano, me miró fijamente, me sopló en las pestañas, me dijo "tenemos que hablar", y yo, desde luego mi amor, lo que tú quieras, siempre, dime tú, qué pasa, qué pasa, qué necesitas, qué puedo ofrecerte. Es tan hombre, tan tierno, tan bueno, tan noble, tan íntegro, honesto, auténtico...que lo merece todo. Lo que quieras siempre, mi vida.

Me dio por pensar entonces que igual se le había ocurrido la idea de declararse formalmente ya, lo cual me creó inmediatamente algo de inquietud por no saber qué responder así, de repente, si llegaba el caso. Mira que lo quiero como a nadie, que es verdadero, todo, pero no me daba a mí el pálpito, menos mal, de que fuera por ahí la cosa del hablar tan de pronto y tan grave, teniendo en cuenta que nos acabábamos de conocer hacía diez años. Porque una cosa es amarse, y otra casarse. Menos mal, menos mal.

-Estrellita mía -empezó suave y serio-, me voy a vivir al polo.
-¿Al polo mi vida?
-Al poco, mi amor.
-¿Y eso por qué cariño?
-La ciencia me llama. El polo se deshace, debo intervenir. Hay que salvar a los pingüinos polares, especie única.
-Pues qué disgusto que me das -contesté entristecida-, pero bueno, vida, pues ¡qué se le va a hacer! Todo sea por la ciencia y los pingüinos. Te echaré de menos y tal. Me temo, y sí que lo siento, que no voy a poderte acompañar. Ya sabes que el frío me sienta muy mal.
-Ya lo sé, lucero mío. No pasa nada, amor -dijo él-, yo lo entiendo perfectamente todo, siempre, ya me conoces ¿no es verdad? Y este sacrificio que hacemos es por un bien mayor.
-Claro que sí, si yo lo sé. Pero entonces, ¿tú quieres que te espere? -inquirí, porque como es verdad que lo conozco le veía yo una cara como de eso-.
-Hombre, pues si no tienes nada mejor que hacer..., podrías esperarme y tal. Yo en cuanto salve al planeta del desastre ecológico al que se aboca, vuelvo por aquí unos días y nos vemos, y eso.
-Siempre lo que tú quieras, cariño. Te escribiré mucho.
-Y yo te leeré.
-Te haré bufandas de punto.
-Y yo me las pondré.
-Y gorros de lana.
-Pues, también los llevaré.

Después de decir todo esto, nos besamos, conmovidos.

Fue muy hermosa esta charla. La despedida, emotiva y dulce, nos tuvo entretenidos con risas, lágrimas y abrazos hasta que a él le llegó el momento de embarcar, rumbo al polo.

Desde entonces, así estamos. Igual no vuelve nunca, a veces lo pienso. Pero no me importa, me siento tranquila sabiendo que él lucha por la vida de la humanidad, y sé que mi espera contribuye a mejorar el destino de este mundo.

Debe ser que es amor verdadero. O, si no, tampoco importa... Como éste, tengo unos cuantos más, por ahí, repartidos. Todos estupendos.

(A los que se creen los cuentos que contamos,
que nadie, os cante milongas)

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21 Octubre 2007

La ciudad de los espíritus

Cuando los gobernantes de la ciudad descubrieron la literatura del realismo mágico quedaron seducidos por la mística de novelas y relatos en los que fantasmas y humanos convivían en unos mundos etéreos y misteriosos. Subyugados por el descubrimiento, leyeron tantísimo como Alonso Quijano en su tiempo y, de su hispanoamericana locura, surgió todo un proyecto urbano que empezó con la inauguración de una biblioteca municipal íntegramente dedicada a sus autores favoritos.

En el primer pleno municipal que tuvieron tras ese evento, su euforia era tal que decidieron que la estética de la ciudad debía ser renovada, y adaptada para hacerse digna de ser escenario de una historia de Macondo.

No tardaron mucho tiempo en trazar el plan urbanístico. Un plan que consistió en quitar todo aquello que diera vida al centro de la ciudad, intentando conseguir así el idóneo ambiente de cuento de muertos. Lo primero fue eliminar el transporte público y, por supuesto, el privado, montando un tranvía fantasmal que circulaba vacío y daba vueltas y vueltas sobre raíles sinuosos, muchas veces traicionerarmente escondidos. Poco a poco, así, consiguieron que los comerciantes empezaran a cerrar locales y a trasladarse a otros barrios, cuando no a arruinarse y a sumirse en el olvido y el anonimato de los centros comerciales y las grandes cadenas.

El efecto de la urbanística del realismo mágico fue contundente, porque también muchos de los habitantes del centro de la ciudad acabaron mudándose, desesperados ante la ignominia de vivir condenados a no poder llegar a casa o salir de ella con la misma naturalidad que siempre. Sólo los más ancianos, que no se resignaban a abandonar los hogares donde habían vivido todas sus vidas, se quedaron en ellos. Con esto, el paisaje humano cada vez se parecía más a uno de leyenda y los concejales, alcalde a la cabeza, cada vez estaban más orgullosos de sus logros.

Sin embargo, no eran suficientes. Los políticos se devanaban los sesos buscando la forma de conseguir una ciudad auténticamente literaria. Y para eso hacían falta fantasmas. Que no había, porque desde hacía tiempo casi todos ellos se habían trasladado al ajardinado cementerio, de donde se negaron a moverse a pesar de que el alcalde les ofreció varios edificios oficiales, que también habían quedado vacíos y ahora no tenían ningún uso concreto.

Aquello, el problema de no tener fantasmas, parecía amenazar el sueño de recrear la aldea de Pedro Páramo. A pesar de que se contrató a algunos aspirantes a escritores para que hicieran de ingenieros, ninguno de ellos consiguió encontrar la solución a la ausencia de espíritus. Y eso que intentaron buscar nuevos muertos abriendo un montón de obras, eso decían, para hacer un metro. Pero no encontraron ni una tumba.

Y cuando más imposible parecía, a ceguera de todos, empezó a suceder.

Y sucedió que los ciudadanos fueron convirtiéndose ellos mismos en los espíritus pobladores de la ciudad. Unos, peatones atropellados por bicicletas despistadas en la caótica y renovada avenida que era el eje del casco histórico. Otros, ciclistas arrollados por el tranvía que, vacío, circulaba y circulaba sin avisar sólo cuando a él le venía en gana. Algunos, reventados de caminar de una punta a otra del enorme centro urbano, infartados por la prisa de no llegar a tiempo al trabajo porque los autobuses los atrapaban en retrasos de más de media hora cada mañana. Finalmente, los últimos que quedaban, alcoholizados por recorridos eternos de bar en bar y de tasca en tasca, desesperados por calmar la ansiedad que les causaba estar encerrados en una ciudad cada vez más fantasmal, cada vez más muerta, sin taxis para salir, sin posibilidad de regresar, de cambiar, de huir... Cada vez más vacía.

(A mi pobre amiga, dos horas de madrugada, sola, buscando taxi)
Tags: homenajes

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28 Mayo 2007

El significado de las palabras

El otro día me contaron una anécdota sorprendente: alguien que, para zanjar una discusión incómoda en la que llevaba todas las de perder, salió diciendo: "eso es lo que tú entiendes, pero yo, yo es que no estoy de acuerdo con el significado de las palabras". Bueno, más o menos siempre se ha dicho que hay gustos para todo y que el arte es subjetivo, sólo a veces, pero el lenguaje yo siempre había pensado que era una convención en la que los acuerdos, al menos los de las palabras del día a día, estaban más o menos asentados ¿Qué os parece? De repente alguien había dado con la clave de la incomprensión que lleva a la humanidad al desastre, no saber qué es una declaración de guerra; del por qué el lema de hacienda es que somos todos, todos los que pagamos; del motivo de las rupturas de los enamorados, no saber lo que es un cuerno;y los problemas con el pago de las facturas, el debe y el haber ¿quién está de acuerdo con eso?
A saber, lo suyo es no estar de acuerdo con el significado de la palabra hipoteca y, menos las inmobiliarias y el sector financiero, todos felices. Luego está lo de discutir el significado normal de la palabra trabajo y, bueno, eso es un mal ejemplo... ¿De la palabra aprobado? A los estudiantes en estas fechas les vendría muy bien, lo siento por los profesores que tienen que atenderlos en revisión, en fin... A ciertos tipos les vendría muy bien:¿esposa?, no, eso los polis.
Yo es que, además, desde que oí esta historia cada vez estoy más convencida de que la persona que hizo la observación, fuera quién fuera, tiene toda la razón. Sólo hay que ver lo contentos que están todos los políticos después de las elecciones, que todos han ganado, dicen, y eso es porque cada uno tiene en la cabeza su propia idea de la palabra ganar y no están de acuerdo, claro, yo tampoco lo estaría. Lo mismo, cuando te pruebas en una boutique y te dice la dependienta que te queda ideal. Y es así. En su idea de que compres a toda costa, es así. Y, finalmente, cuando el médico te dice que todo está normal y luego te hace cinco recetas y te manda tres radiografías y una eco. Normal, ¿qué es normal? Si alguien estuviera de acuerdo con el significado de normal... Al menos con eso me conformaría, para salvar la ilusión de que con alguien podría entenderme. Seguiré intentándolo...

Tags: harturas

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13 Febrero 2007

Calzadas en el parque

Lo que pasa cuando uno entra en un chat u opina en una lista de distribución es uno de los misterios de la vida. Hoy he recibido un mail que convocaba a una manifestación de ciclistas para defender el carril bici -a lo cual me adhiero como ciclista que soy-. En la concentración también se pretende reivindicar el cierre al tráfico de uno de los parques de la ciudad que,provisionalmente, está siendo utilizado como desvío. Y yo, conductora, poco pero también, considerando que el tráfico en la ciudad tiene grandes dificultades debido a unas obras-cuya previsión de duración nadie conoce-, así como a la reorganización del mapa urbano, me ha parecido sensato manifestar que hombre, que lo del cierre del parque se demore un poco porque "los coches tendrán que circular".
Al rato, respuesta. Que qué se me ha ocurrido, que la culpa del colapso circulatorio es exclusiva de los vehículos de tracción mecánica y que todos a andar y a utilizar el deficiente y, en gran medida, inexistente transporte público. Esto último, deficiente y en parte quimérico, lo digo yo. Que los coches no "tienen que circular". Bueno, no sé. Quizás mi detractor tenga razón y esa manía mía de estar convencida de que no estoy sola en el mundo y de que los demás también tienen derechos sea algo antigua. O a lo mejor es culpa de mi ambivalencia, porque ¿a quién se le ocurre estar en dos bandos y usar tanto la bici como el coche? ¿Dónde se ha visto que se pueda ser posibilista? En realidad, comohe contestado a la lista de distribución, entonces será conveniente que los ayuntamientos retiren el impuesto de circulación, ya que hacer pagar a los propietarios de automóviles un impuesto por no circular no me parece muy justo. Y, como de alguna parte tendrá que salir el dinero para sufragar el mantenimiento de la vía pública, habrá que crear un impuesto, o tasa, de uso del carril bici o algo parecido. Que digo yo que los medios de transporte privilegados tendrán que contribuir al gasto público. Los coches, a los garages. Y los que los usan para su trabajo, al inem, a buscarse un empleo para el que no haya que circular en automóvil. La idea de ir al paro será mucho más soportable con la perspectiva de poder pasear por un parque sin tráfico. Je, je.
Pero con esto no tuve suficiente. Al rato, respuesta. Que no, que no, que lo de que las bicis paguen no les parece bien. Eso ya me lo figuraba, lo de tener derechos bien, pero las obligaciones no molan. Que en realidad, es que deberían eliminarse las matriculaciones de coches, camiones y todo tipo de impuesto en consecuencia. "Que todos seamos más bicis", era la frase final de mi interlocutor cibernético. Y yo, ciclista y conductora, chaquetera y convenida, he pensado: "¡Genial!" Y he contestado sin dudar que por la cara, sin matriculas, sin impuestos, sin seguro de daños a terceros, sin examen de conducir, sin carnet,... sin pagar un duro y sin asumir ningún tipo de responsabilidad. Que si atropello a un peatón, pues le pido disculpas y sigo mi camino. Como no tengo matrícula a ver cómo me identifica para denunciarme. Que le doy un golpe al coche de delante, entonces saludo al retrovisor y que lo pague él. Y si no lo quiere pagar, que me busque, a ver si me encuentra... Como en jauja pero en España, ¿cómo que no se nos ha ocurrido antes? O incluso ¡sin controles de alcolemia! A los policías municipales y a la guardia civil les ahorraríamos muchos marrones. Es verdad. Todos seríamos mucho más felices.
Y lo que yo os diga, misterios de la vida: de los problemas del tráfico al tráfico sin problemas o que el problema, mucho mejor, lo tenga siempre el otro.

Tags: harturas

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15 Enero 2007

La verdad sobre perros y perros...

... no es que los perros tiendan a parecerse a sus dueños. Tampoco que los amos acaben pareciéndose a sus canes. Pero sí que es empíricamente demostrable que algunos dueños de perro, a base de tratar a sus perros como si fueran personas, acaban tratando a algunas personas como si fueran perros. Pérdida de perspectiva.
Como la de aquel que decía que el siglo XX había sido el siglo de los derechos de las mujeres y que, por lo tanto, el XXI iba a ser el de las ballenas, los toros y las gallinas ponedoras. Me resisto a tomarme ese argumento en serio por lo que eso supondría de ofensivo para mi condición de persona, por cierto mujer. Prefiero pensar que más bien se refiere a que Darwin tenía razón, o a una especial introspección en cierta obra de Kafka, acompañada por considerables dosis de alcohol y alguna que otra droga más. Quizás se trate de que la religión triunfante del presente siglo, superando el hermano oso de Francisco de Asís, vaya a ser la de la reencarnación animal. De ser humano a ser gusano, no estaría mal. O, si no, que a partir de 2001 hay un nuevo IRPF y ahora es el IRAP o impuesto sobre la renta de los animales personificados. Ciertamente, la plusvalía de los burros de molino siempre se la llevó el molinero, tremendo abuso patronal. De ahí la obra de Orwell, que algunos malentendieron como una metáfora de otra cosa, cuando lo cierto es que se refería a un acontecimiento real.
Nadie puede negar que hay perros que viven mucho mejor que muchísimas personas. Vistas todas estas razones, que una señora embarazada diga que, por supuesto, su perro llegó antes que su hijo es perfectamente lógico. Más aún, es un acto de justicia. De hecho, es una expresión adelantada de los signos de los tiempos. ¿O es que nadie se da cuenta de que, de nor ser por Snoopy, Charlie Brown sería un perfecto desconocido? Eso sí, el famoso perrito tiene los ojos de su dueño. Otra prueba más de que hay una gran verdad en todo esto.

(Snoopy y Charlie, en feliz compañía)

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25 Junio 2006

¿Qué es ser un caballero?


Lo de ser un caballero es una historia que algunos se tienen montada para pensar bien de sí mismos. El que cree actuar "como un caballero", está convencido de que sus gestos caballerescos son demostraciones de consideración hacia otras personas. Pero en realidad eso es una engañifa.
Les pasa como a Don Quijote cuando quería salvar a alguien y al final era mucho peor. La diferencia es que a Don Quijote se le perdonaba todo, porque era un estupendo loco de ficción, pero a los caballeros andadores del siglo XXI más les valdría reencarnarse en musarañas y pulular por la estratosfera del falseo.
Yo hace mucho tiempo que renuncié a ser una señorita sólo para que el gremio caballeresco dejara de empeñarse en tomarme el pelo. Me empeñé en ser sólo una mujer y, a veces, con esa actitud, he conseguido que algún que otro caballerito se resignara a dejar de serlo, se relajara y se olvidara de tener que salvarme a mí.
Incluso había llegado a creer que ya eran una especie en extinción, cuando hace poco me encontré con uno. Un engendro curioso, mezcla de caballero y de persona normal. Ahora creo que yo tendría que haberle sugerido que dejase de actuar como un caballero y se diese cuenta de lo absurdo de su representación hacia sí mismo. Pero hubiera sido inútil. De todas las artimañas inventadas para eludir la autenticidad, la del caballerismo mal entendido es la peor de todas. Al final esos montajes convierten al mejor de los hombres en un pequeño y asustado cobarde.
Espero no cruzarme a ningún caballero más en todos los días de mi vida.
Prefiero a la gente normal, llena de defectos.

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29 Mayo 2006

On the beach or not on the beach

El otro día me dijo una señora: "tú no deberías estar en una playa pública". Lo que dijo me preocupó, ¿tendría razón la mujer aquella, cuyo hijo estaba dispuesto a romper una vela de windsurf que yo había bajado a la playa.
La historia me hizo pensar. Hacía un par de años también había tenido unas palabras con otra señora con hijo. En este caso, el hijo jugaba a la pelota prácticamente encima de la toalla donde yo leía tranquilamente una novela. El niño me ponía nerviosa, pero me decía a mí misma que bueno, que no tenía por qué acabar dándome un balonazo. Eso hasta que, lógicamente, acabó dándomelo. La señora, cierto es, vino a disculpar a su hijo. Yo, que acababa de recibir un golpe, tuve la desgracia de decir: "bueno, ya lo veía yo venir, hay mucho sitio para jugar en la playa y el niño estaba aquí justo encima mía...". Iba a sugerir si el niño no podía jugar en la orilla, cuando la señora me increpó diciendo que yo era una maleducada y que los niños tienen que jugar. Yo me callé, por no liarlo más, pero pensé para mis adentros: "¿y tienen que jugar justo encima mía?". Acabé trasladando mi toalla de sitio.
Lo del otro día fue algo distinto. Esta vez me mordí la lengua algo más tarde, aunque finalmente también me la mordí.
La cuestión es que a lo mejor es verdad y no sé estar en una playa pública. Lo digo porque también me acuerdo ahora de un día que un hombre paseaba por la orilla, cuando su perro decidió venir a saludarme. Me levanté corriendo de la toalla y me aparté para que el perro pudiera pasearse sobre ella. Algo indignada, y asqueada, me dirigí al dueño del perro que, por supuesto, ni se había alterado ante la situación.
-"¿No sabe usted que los perros están prohibidos en la playa en horas de baño?" -le pregunté.
Su respuesta fue asombrosa: "También está prohibido tirar basura en la playa y la gente la tira" -dijo. Y se fue con su perro a ensuciar alguna que otra toalla más.
Otra de perros muy interesante fue la de un chaval que paseaba tres perros, sueltos, por la misma playa donde una amiga mía estaba tranquilamente con su hijo de dos años. Los tres perros se acercaron a oler al niño y el niño se asustó. Mi amiga, preocupada, intervino. Los perros se alejaron y, seguidamente, ella se dirigió al dueño: "¿te importaría agarrar a los perros? Es que está aquí el niño..." El chaval la miró con cara de hierba y le contestó: "agarra tú al niño". Y se quedó tan pancho.
Supongo que en aquella ocasión el problema también era de mi amiga: no sabía estar en la playa. No sabía que, en la playa, hay que amarrar a los niños. Y ponerles bozal.
Pues la señora del otro día, insisto, me hizo pensar. Yo no debería estar en la playa, tenía razón. Lo que ocurrió es que su hijo, un lindo niño rubio de unos séis años, de repente decidió jugar a pisotear la vela de windsurf que yo tenía montada. En cuanto lo ví encima de la vela, y ante la posibilidad, nada remota, de que el niño se la cargase, me fui hacia él, lo cogí y lo quité de allí mientras le decía: "¡oye niño, que esto no es tuyo!" La madre, que venía andando, me lanzó una mirada de odio, cogió a su niño por los hombros y muy dignamente me dijo:
-"Tú no tienes que gritarle ni que empujar a mi hijo".
-"Señora" -le contesté-,"su hijo estaba encima de mi vela".
-"Sí" -dijo ella-, "pero ya venía yo, y tú no tienes que empujarlo ni que gritarle que eso no es suyo".
-"Es que no es suyo" -dije yo.
-"Ya lo sé" -ahora la que gritaba era ella. "Pero no lo empujes".
-"Mire" -seguí. Aunque ese era ya el momento de morderse la lengua-, "no creo que lo haya empujado, simplemente lo he quitado de encima de mi vela porque iba a romperla. Si espero a que usted llegue, me quedo sin vela. A lo mejor debería usted vigilar mejor a su hijo" -otra oportunidad que perdí para callarme.
-"Lo estaba vigilando. Y tú no tienes que gritarle que eso no es suyo ni que empujarle" -siguió ella.
Y entonces es cuando me dijo que yo era una maleducada, también, y que no debería estar en la playa pública. Fue entonces, también, cuando yo, por fin, me mordí la lengua. Creo que hasta me hice sangre, porque lo que realmente quería hacer yo era decirle que era verdad, que a lo mejor yo no debería estar en la playa, "pero usted no debería tener hijos, ya que no sabe educarlos".
Afortunadamente esa vez me callé. La señora se dio la vuelta y siguió relatando: "mira que gritarle al niño que eso no es suyo". Comprendí algo que nunca había comprendido, y es el porqué de la gente que quema motos en la calle. Siempre he pensado que qué absurdo, porque una cosa es robarlas, pero ¿quemarlas?, ¿para qué? Y ahora lo entiendo. Es porque nadie, ninguna persona de referencia, informó a esas otras personas, cuando tenían seis años. de que hay cosas que están en sitios públicos, pero que eso no quiere decir que sean suyas y que puedan romperlas.
Y, aún así, creo que aquella señora tenía razón. Yo no debería estar en la playa hasta que no me haga consciente de que si su hijo decide romper mi vela, yo tengo que dejar que lo haga para que ella no se moleste. Así es la ley de la playa. Al que le guste bien, y al que no... al campo o a la montaña.

Tags: harturas

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21 Marzo 2006

The people that sell you the motorbike

La gente me lleva vendiendo la moto toda la vida. Y yo, venga a comprala. Tengo un parque motorísitico entero, todas las motos aseguradas porque es que me venden hasta la póliza y todo por el doble del precio del mercado. ¿No hay nadie más que tenga el mismo problema? Soy una compradora compulsiva de motos y no puedo parar. Las tengo de todos los modelos, tamaños, colores, cilindradas, con matrículas nacionales y extranjeras, japonesas, alemanas y de primera, segunda, tercera y cuarta mano. Especialmente en el trabajo es donde más motos me suelen vender.
¿Que por qué no las revendo? Porque me las venden a mí, una y otra vez. No sé vender, sólo comprar. Me las endosan con un pacto de indisponibilidad o algo así, para que tenga que quedármelas toda la vida y no pueda ni siquiera motar una empresa de alquiler de motos. Ni una mensajería, que seguro que me forraba. Pero nada, yo venga a dejarme y dejarme vender la moto y ya hasta ha venido la poli alguna vez, a ver si es que soy una choriza de motos, pero tengo todos los papeles de todas y se dan cuenta de que no, de que es que yo soy así. Entonces se van y me dejan sus motos aquí, porque, entre una cosa y otra, ya me las han vendido. Y hasta vino un día un psiquiatra suizo a experimentar con mi inconsciente y ver si mi manía de comprar motos tenía alguna relación con los arquetipos mitológicos de la grecia clásica. Y nada. Se fue por donde vino y me dijo que si le dejaba una moto para el viaje de vuelta y no pude. En vista de eso, me vendió la suya. Y ya tengo dos mil millones.
¿Qué puedo hacer?

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LA MALA VENTURA

Sevilla, España
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Aprendiza de artes ocultas y ciencias perdidas. Aquí tengo un lago y, en él, guardada, una luna de cristal que me cuenta historias. Historias que retrato y desmenuzo en palabras. ¿Las vienes a ver?... -La Mala Ventura es una invención original, subtitulada con mil claves, de Miryam R-I Serrano-

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