Asunto: reunión de trabajo. Esta mañana. Orden del día: incorporaciones.
Esta mañana nos han reunido tres de nuestros superiores, con gran solemnidad, para tratar el importantísimo asunto de las nuevas incorporaciones. El director de infraestructuras ha introducido el tema de la siguiente forma:
-Va a ser necesaria una reubicación de vuestros puestos de trabajo ya que tres nuevos compañeros se van a sumar a esta vocación nuestra de trabajar en este proyecto...
Miro a mi alrededor. Nadie se altera. Me pregunto si sólo yo he oído eso de la "vocación" y si me he confundido de sitio y hora y estoy en la reunión anual de los antiguos alumnos del colegio San Pío Pío. Me resulta complicado estar segura. Viene a mi cabeza la siguiente pregunta: "¿me han ingresado la nómina este mes?". Repaso mi memoria a corto plazo. Sí, lo hicieron, por eso pude pagar ayer la factura del móvil. Efectivamente esto no es una yimcana, sino el trabajo. Debe ser que he sido víctima de una interferencia cósmica. Eso me pasa por lo de la ouija, que me confunde. Vuelvo a concentrarme en la reunión. El tipo sigue con lo suyo:
-... lo cual va a significar un esfuerzo de adaptación por parte de todos...
Pienso que ahora es cuando va a hablar de los ascensos.
-..., ya que en el mismo despacho en el que estáis ahora, vais a estar doce en lugar de siete.
No me salen las cuentas. Pregunto:
-Pero, si sólo se suman tres, faltan dos para doce.
-Bueno, quien dice tres dice cuatro o cinco.
Ese tipo de observación me es familiar. Me preocupo. Cuando aprendí matemáticas creí entender bien lo que significa la precisión. Al parecer no lo pillé muy bien.
-Se trata de que son tres para los servicios de prevención, y cinco para el común.
Ya está claro.
-En definitiva -prosigue el tipo-, lo que queremos es vuestra colaboración para buscar soluciones.
-¿Soluciones? -exlamo y pregunto-. ¡Pero si esto en vez de una oficina parece la puerta del cortinglés el siete de enero! Aquí no cabe nadie más. ¡Si la contable me ha pedido que cuando estire las piernas aproveche y le dé un masaje en la espalda!
El director de infraestructuras me escucha molesto. Creo que considera que no estoy colaborando.
-El caso -prosigue- es que comprendemos que la noble tarea que desempeñáis requiere un espacio de trabajo cómodo y funcional, que ya tenéis bastantes limitaciones y que sois un equipo estupendo que merece lo mejor. Por eso queremos vuesta colaboración, para encontrar entre todos las soluciones espaciales óptimas para este problema.
Empiezo a considerar la posibilidad. ¿Existirán literas-oficina? Hace mucho que no miro revistas de decoración, igual las han inventado en este tiempo.
-Pero -interrumpe uno de mis compañeros-, ¿no podría ampliarse este despacho o trasladarnos o aunque sea a parte del equipo? El otro día me fui a sonar los mocos y se los soné a la administrativa sin darme cuenta.
El dire de infra se impacienta. Creo que cree que no captamos su mensaje.
-Se trata -inspira- de que el espacio es el que es...
Vaya, este es que no se ha enterado de lo de la relatividad especial. Mejor no se lo digo.
-... y de que tendréis que hacer vuestros mejores esfuerzos para crear una sinergia operativa que permita implementar un aprovechamiento óptimo de la disponibilidad efectiva.
Eso seguro que se lo ha preparado antes. Alguien para quien dos y cinco es lo mismo no es capaz de improvisar algo tan largo.
-Por ejemplo -prosigue- tú utilizas dos mesas -me mira-, una como escritorio y otra para el ordenador -me recorre un escalofrío-. Sería cuestión...
-¿De cambiar el mobiliario? -interrumpo yo, pobre de mí.
-¿Cambiar el mobiliario? -sorprendido-, pero... ¡Eso cuesta dinero! Sería cuestión de poner el téléfono encima de la torre y la impresora debajo del monitor y ya sólo necesitas una mesa.
Todos los compañeros nos miramos. Está claro que no va a haber ascensos, sólo sinergia. Por lo menos cuando se podía fumar con el humo y eso te podías aislar un rato y tener la impresión de que tenías un despacho propio. Ya ni así, ya ni así...