No se puede decir nunca "nunca más". Lo cual es casi una entelequia. Todas esas cosas que siempre has pensado que nunca harías, al final las acabas haciendo y tu autoimagen se acaba volviendo completamente del revés. Lo que pasa es que cuando se está en acción las cosas son muy diferentes que cuando se piensa sobre ellas. Lo cual lleva a la conclusión, o a la pregunta, de "¿entonces para qué sirve pensar?". Es mejor no pensar mucho y ya está, total, si es que no se puede ser plenamente coherente, está demostrado. Será cuestión de ser mínima o razonablemente coherente y contentarse con eso. O, si no, de ser capaz de revisar los esquemas vitales de cuando en cuando, para que se acoplen a la realidad real. Lo que sigue siendo eso, una entelequia.