Lo que pasa cuando uno entra en un chat u opina en una lista de distribución es uno de los misterios de la vida. Hoy he recibido un mail que convocaba a una manifestación de ciclistas para defender el carril bici -a lo cual me adhiero como ciclista que soy-. En la concentración también se pretende reivindicar el cierre al tráfico de uno de los parques de la ciudad que,provisionalmente, está siendo utilizado como desvío. Y yo, conductora, poco pero también, considerando que el tráfico en la ciudad tiene grandes dificultades debido a unas obras-cuya previsión de duración nadie conoce-, así como a la reorganización del mapa urbano, me ha parecido sensato manifestar que hombre, que lo del cierre del parque se demore un poco porque "los coches tendrán que circular".
Al rato, respuesta. Que qué se me ha ocurrido, que la culpa del colapso circulatorio es exclusiva de los vehículos de tracción mecánica y que todos a andar y a utilizar el deficiente y, en gran medida, inexistente transporte público. Esto último, deficiente y en parte quimérico, lo digo yo. Que los coches no "tienen que circular". Bueno, no sé. Quizás mi detractor tenga razón y esa manía mía de estar convencida de que no estoy sola en el mundo y de que los demás también tienen derechos sea algo antigua. O a lo mejor es culpa de mi ambivalencia, porque ¿a quién se le ocurre estar en dos bandos y usar tanto la bici como el coche? ¿Dónde se ha visto que se pueda ser posibilista? En realidad, comohe contestado a la lista de distribución, entonces será conveniente que los ayuntamientos retiren el impuesto de circulación, ya que hacer pagar a los propietarios de automóviles un impuesto por no circular no me parece muy justo. Y, como de alguna parte tendrá que salir el dinero para sufragar el mantenimiento de la vía pública, habrá que crear un impuesto, o tasa, de uso del carril bici o algo parecido. Que digo yo que los medios de transporte privilegados tendrán que contribuir al gasto público. Los coches, a los garages. Y los que los usan para su trabajo, al inem, a buscarse un empleo para el que no haya que circular en automóvil. La idea de ir al paro será mucho más soportable con la perspectiva de poder pasear por un parque sin tráfico. Je, je.
Pero con esto no tuve suficiente. Al rato, respuesta. Que no, que no, que lo de que las bicis paguen no les parece bien. Eso ya me lo figuraba, lo de tener derechos bien, pero las obligaciones no molan. Que en realidad, es que deberían eliminarse las matriculaciones de coches, camiones y todo tipo de impuesto en consecuencia. "Que todos seamos más bicis", era la frase final de mi interlocutor cibernético. Y yo, ciclista y conductora, chaquetera y convenida, he pensado: "¡Genial!" Y he contestado sin dudar que por la cara, sin matriculas, sin impuestos, sin seguro de daños a terceros, sin examen de conducir, sin carnet,... sin pagar un duro y sin asumir ningún tipo de responsabilidad. Que si atropello a un peatón, pues le pido disculpas y sigo mi camino. Como no tengo matrícula a ver cómo me identifica para denunciarme. Que le doy un golpe al coche de delante, entonces saludo al retrovisor y que lo pague él. Y si no lo quiere pagar, que me busque, a ver si me encuentra... Como en jauja pero en España, ¿cómo que no se nos ha ocurrido antes? O incluso ¡sin controles de alcolemia! A los policías municipales y a la guardia civil les ahorraríamos muchos marrones. Es verdad. Todos seríamos mucho más felices.
Y lo que yo os diga, misterios de la vida: de los problemas del tráfico al tráfico sin problemas o que el problema, mucho mejor, lo tenga siempre el otro.