Ninguno de los dos, ni Silvia ni Lorenzo, sabe quién, si el uno o si el otro, quién empezó a mentir primero.
Yo te quise.
Me quisiste.
Te quise.
Yo te quise.
Nada pasó, pero es pasado, ¿todo?
No fueron grandes engaños, ni fui infiel. Eso creo, que fui fiel.
Yo a ti tampoco, o quizás lo fui. ¿Fiel o no? ¿Ya importa? ¿Qué nos vino o qué nos dejó? ¿Lo advertimos o fue tan imposible detener el final como lo había sido detener nuestro principio?
¿Por qué ya no recuerdas?
No recuerdo.
No lo vi venir, el final, se coló en el espacio y lo hizo inabarcable, infinito. ¿Tú sí? ¿Lo viste?
No lo vi irse, el amor, el cuidarte, el querernos. Pero sólo fueron pequeñas las mentiras. Mortales, piadosas, inocentes, podridas, venenosas.
¿Cuál fue la primera vuelta de tuerca a la razón, la verdadera, de por qué llegaste tarde anoche y por qué tú ya no me esperaste, viendo la tele o haciendo tiempo con un libro que no lees, mientras yo llego y no, y no te importa la hora? O, si te dormías, despertabas al oír la puerta abrirse y quizás hacías que dormías para hacerme reír, y lo hacías... ¿No notaste la vez en la que forcé la sonrisa y era tan falsa que me di la vuelta enseguida? Porque no sabía contarte lo triste que sentía la distancia entre nosotros, la que yo había escogido para que no supieras lo que pasaba, lo que pasó esta misma mañana, lejos de ti ya, y ahora qué importa que te enteres o no, irrecuperables nosotros, del dolor que te oculté y que agotó el cariño. Que te quise. Fue hace tanto. ¿Fue o no era cierto? ¿Que te quise?
Silvia, que no entiende qué ocurre, que ya no encuentra la llave que tenía y que abría el abismo interior. Las espitas cerradas han ahogado los hilos que antes los unían, tan fuerte. Tan frágil. Silvia.
O Lorenzo, que tampoco, que se olvida del reojo que buscaba el momento de buscarse, y acercarse, y tenerla.Con deseo. Sin deseo, desde cuándo, se ha desvanecido. Resignado, Lorenzo.Detenido. Silvia hueca.
Están muy lejos y desayunan, mirando al suelo, mirando al cielo, temiendo encontrar tu mirada por encima del papel del recibo del gas o la tuya sobre el diario que te mandan cada día y que ya no me causa interés. Porque te quise. Ya no, pero ¿era cierto?
Los motivos se han gastado, porque ya no importan. Ni por qué nos queríamos. Ni por qué ya no. Ni siquiera hay que explicarlo, que es el final y, a pesar de todo, seguimos sin poder hablarnos.
Viviendo juntos.
Durmiendo juntos.
Mirando al suelo.
¿Me quisiste?
Mirando al cielo.

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