Ítaca (II)
No puedo más, no aguanto esto. Hace veinte años que se fue Ulises, veinte. "Que me voy a ayudar a Menelao", o Melenao, o como se llame el rey ese, un pesado, y su hermano Agamenón, otro igual. Y todo por la mosquita muerta de Helena, menuda lista: se casa con un rey y luego se lía con el principito deTroya. Ahora, yo la entiendo, porque ese Paris y el vejestorio de su marido... Otra cosa es mi Ulises, pero nada, que allí que se fue y aquí que estoy yo, aguantando a todos sus amigotes que me tienen la casa invadida y se pasan todo el día borrachos y diciendo impertinencias. Ahora, lo último, que si Ulises no vuelve y que a ver si me decido por uno de ellos, vamos, como si yo fuera tonta, que ya sé lo que quieren estos: ser reyes. Y de camino decir que se han tirado a la reina, qué asco me dan. Son tan tontos que vienen a contarme que si les encanta mi pelo, que si soy la mujer ideal, que si me han amado desde siempre pero que se contenían por fidelidad a Ulises... Panda de babosos, si se pasan el día persiguiendo a las esclavas, que ya he tenido que mandar a un par de ellas a las casas de las viñas porque las han dejado preñadas, semejantes imbéciles. Y ellas ya podían tener más cuidado, vaya. Menos mal que tengo a mi niño, que es buenísimo. Aunque últimamente no hace más que decir que se quiere ir a buscar a su padre. Si es que todos son iguales, de repente les entra el yo no sé qué y tienen que irse por ahí a hacer cosas heróicas y estúpidas, deseando que los poetas de Grecia los citen en sus obras, como si eso valiera para algo. Para eso está Penélope, para quedarse aquí guardando la casa, el trono y harta de estar sola, de acostarse sola, de que nadie la toque y de aguantar borrachos. Claro que, para soportar a cualquiera de esos, prefiero esperar a Ulises mil veces, que digo yo que volverá, vamos. Tendría que haberse hecho un barco nuevo antes de la guerra, que ya se lo dije, "que con esa antigüedad llegas a Troya, pero a ver si vas a poder volver, que el mar está muy malo depende de qué época". Pero ni caso, que "tú qué vas a saber de navegación ni nada". Pues algo sabré, digo yo, toda la vida viviendo en una isla. Pero ni caso. Bueno, pues lo malo es que ya se me ha acabado el cuento. Ya se han hartado de la historia de que si tengo que tejer y si no, y que dicen que tengo que elegir a uno. Y yo me niego, que no, que no. Que a estas alturas, que me espero a Ulises y que no se mete otro en mi cama, eso lo saben en el Olimpo. Eso sí, ya lo he pensado, voy a decir que el que tense el arco de mi marido, ese gana, que estoy segura que estos, con tanto vino y tanto jueguecito con mis esclavas, no tienen fuerzas ni para sostenerlo al peso. Es lo único que se me ocurre ya para entretenerlos. Y mientras tanto, a ver si vuelve este imbécil profundo, me va a oír, me va a oír...
