El círculo
Vamos a abandonar el país de las hadas por unos minutos y situarnos con perspectiva en la realidad. Pura y dura. Es para hacer un experimento y ver con cuántas piedras reales o cuántas veces con la misma tiene que chocarse una persona para darse cuenta de lo que va la película de su vida. Es verdad, cada persona tiene una peli propia, de mayor o menor éxito de taquilla, en la que es prota absoluta y no hay director ni guión que valga. La tiene que escribir uno solito. Pero hay gente a la que le pasa como en Atrapado en el tiempo, gran peli que nunca vi entera, y que no consigue llegar a ningún final, ni feliz ni desdichado. La historia personal se vuelve circular y es imposible parar el destino vicioso que acaba y vuelve a empezar, una y otra vez. La única forma de terminar esa danza con lo absurdo, con el sinsentido de un futuro imposible, de un presente maldito, de un pasado envenenado, del hastío de saber hacia dónde irá todo... La única forma es renunciar al inicio, clausurar para siempre las esperanzas de encontrar una luz cierta y aceptar que, posiblemente, ni el mañana traerá mejores días, ni tampoco se te darán los cielos por los que soñaste, los que alcanzabas con cada nube y los que luego se quebraban estruendosamente con cada piedra. ¿Aceptando el sinsentido se aprende a sobrevivir mejor? Porque seguro que renunciando a lo que crees nunca conseguirás ser quien eres realmente, ni acabar tu película, ni ser feliz. Yo no sé la respuesta. Ni quién pudo escribir un mal de ojo en este guión que ha caído en mis manos. Si fui yo misma, seguro que puedo encontrar la manera de recomponer la historia y conseguir un tercer acto que dé sentido a lo incomprensible de este segundo, eterno, rayado hasta lo insoportable. Pero, para hacer eso, ¿tendré que volver a mi mundo de origen o acaso hay caminos invisibles también en este mundo real?
