Mi novio vive en el polo
Mi novio vive en el polo. Hace unos cuantos meses, mi novio me
cogió de la mano, me miró fijamente, me sopló en las pestañas, me dijo "tenemos que hablar", y yo, desde luego mi amor, lo que tú quieras, siempre, dime tú, qué pasa, qué pasa, qué necesitas, qué puedo ofrecerte. Es tan hombre, tan tierno, tan bueno, tan noble, tan íntegro, honesto, auténtico...que lo merece todo. Lo que quieras siempre, mi vida.
Me dio por pensar entonces que igual se le había ocurrido la idea de declararse formalmente ya, lo cual me creó inmediatamente algo de inquietud por no saber qué responder así, de repente, si llegaba el caso. Mira que lo quiero como a nadie, que es verdadero, todo, pero no me daba a mí el pálpito, menos mal, de que fuera por ahí la cosa del hablar tan de pronto y tan grave, teniendo en cuenta que nos acabábamos de conocer hacía diez años. Porque una cosa es amarse, y otra casarse. Menos mal, menos mal.
-Estrellita mía -empezó suave y serio-, me voy a vivir al polo.
-¿Al polo mi vida?
-Al poco, mi amor.
-¿Y eso por qué cariño?
-La ciencia me llama. El polo se deshace, debo intervenir. Hay que salvar a los pingüinos polares, especie única.
-Pues qué disgusto que me das -contesté entristecida-, pero bueno, vida, pues ¡qué se le va a hacer! Todo sea por la ciencia y los pingüinos. Te echaré de menos y tal. Me temo, y sí que lo siento, que no voy a poderte acompañar. Ya sabes que el frío me sienta muy mal.
-Ya lo sé, lucero mío. No pasa nada, amor -dijo él-, yo lo entiendo perfectamente todo, siempre, ya me conoces ¿no es verdad? Y este sacrificio que hacemos es por un bien mayor.
-Claro que sí, si yo lo sé. Pero entonces, ¿tú quieres que te espere? -inquirí, porque como es verdad que lo conozco le veía yo una cara como de eso-.
-Hombre, pues si no tienes nada mejor que hacer..., podrías esperarme y tal. Yo en cuanto salve al planeta del desastre ecológico al que se aboca, vuelvo por aquí unos días y nos vemos, y eso.
-Siempre lo que tú quieras, cariño. Te escribiré mucho.
-Y yo te leeré.
-Te haré bufandas de punto.
-Y yo me las pondré.
-Y gorros de lana.
-Pues, también los llevaré.
Después de decir todo esto, nos besamos, conmovidos.
Fue muy hermosa esta charla. La despedida, emotiva y dulce, nos tuvo entretenidos con risas, lágrimas y abrazos hasta que a él le llegó el momento de embarcar, rumbo al polo.
Desde entonces, así estamos. Igual no vuelve nunca, a veces lo pienso. Pero no me importa, me siento tranquila sabiendo que él lucha por la vida de la humanidad, y sé que mi espera contribuye a mejorar el destino de este mundo.
Debe ser que es amor verdadero. O, si no, tampoco importa... Como éste, tengo unos cuantos más, por ahí, repartidos. Todos estupendos.
que nadie, os cante milongas)


donata dijo
Bueno, es un buen trabajo eso de luchar contra el Cambio Climático, casi como irse a la guerra si lo miras desde cierta perspectiva. Siempre fue romático despedir a un soldado.
Besos
21 Enero 2008 | 09:08 PM