Recomendación y consejo tomados del "Manual de Trato y Comportamiento de Hadas en Mundo Real", escrito y prologado por una paciente escribiente, que conoce bien las visicitudes, circunstancias y conflictos que conlleva el contraste entre ser, y saber que se es, así como entre creer que se cree, y creer, cosas tan distintas, aunque en esas vive. Capítulo veintibastante, titulado
Y que comienza enérgicamente diciendo...
¡En ningún caso!, que a nadie se le ocurra permitir o inducir a que un hada ingiera nada así. A las hadas no
les sienta bien el chocolate. Por mucho que a algunas les guste mucho, tantísimo que son capaces de comérselo sin depurar, ninguna hada debe comer chocolate mientras esté en estado real. Sólo si tienen un momento de sentido mágico, de los que no siempre es fácil que tengan en sus cotidianas rutinas de disimulo, pueden probarlo y disfrutar de él sin peligro.
No es por eso, no por lo que pueda pensarse, no porque las haga engordar. Hay hadas tan flaquitas que, más bien al contrario, les vendría mejor que nada pesar un poquito más y, con eso, volarían mucho mejor cuando hay viento en contra. Y también a favor. Pero no es por eso, ni porque les salgan granos, que sí que pueden encubrir ellas mismas con el reciclado de polvo mágico que saben recoger de sus hechizos buenos. Es porque enferman, a veces con remedio. Pero otras, sin él.
El chocolate es un misterioso alimento, los seres reales no son conscientes de sus cualidades, pero es tan atractivo para ellos que pocos pueden prescindir de probar un poquito cada cierto número de noches. Casi siempre está en los postres de las fiestas, cuando hay algo que celebrar. Todo es porque el chocolate es mágico, cuanto más puro, más negro, más amargo... más poder tiene para cambiar la realidad. Por eso las hadas, cuando lo comen, no lo metabolizan bien y enferman. Casi siempre con remedio, eso es verdad. Pero se les cambia el color de la cara, pierden luminosidad y les afecta algo como fiebre, que en realidad no es fiebre normal sino la reacción propia que tiene cualquiera que prueba su propia medicina. Deben pasar varios días en cama, y da pena escuchar cómo se lamentan, sin poder hacer nada por buscar las cosas por las que han querido venir a estar en este sitio.
A las hadas sólo puede dárseles chocolate cuando están ausentes, que se ve porque tienen la mirada perdida en un mundo más arriba, o miran fijamente al fondo de los ojos pero el de los suyos es mucho más profundo de lo que cualquiera pueda imaginar.
Fuera de esos casos, nunca chocolate.
Otra cosa sería... hablar de brujas.
sin un poco, de eso,

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