Se ha roto el muro que separa
qué es real y qué es inventado.

Hay conejos en las paradas,
donde el autobús ya no llega,
y recorren todas las calles
señalando ese punto exacto
donde encontrarte.

Donde buscarte,
si te he perdido.
O recordarte,
si te he tenido.
O resignarme,
si ya te has ido.
O resguardarme,
si es que ha llovido
sobre mi cama.

Hay conejos en ascensores,
hay conejos en las aceras,
llenas de barro.

(A quienes viven, a este lado,
del espejo)