Busca un camino en el Norte que atraviesa bosques de hayas, bosques de robles, bosques de agua. Luna verde del día sobre hojas, plateadas, amarillas, mudas, sordas, marcando el sentido de cada paso. Ríos inquietos, bajando, trepidando, silbando en la corriente que arrastra los sueños. Bosques de barro reposado sobre raíces salientes, guardianas del tesoro quizás escondido. Música ausente, cantos perdidos.

Busca un sendero que sólo lleva adelante. Atravesado de piedras y viñas, obligando a seguir siempre hacia el Oeste, pudiera ser, al fin de la tierra, al fin del silencio o al mayor de los estruendos. Una ruta que atrapa a los caminantes en imanes de viento. Solitarios, se les presiente surcando las sendas que los transforman en transparencias de lo que son y de lo que fueron. Bondad, vileza, relumbran. Máscaras de nieve que se resquebrajan y se derriten bajo lluvia de sol, filtrado entre ramas.

Un bosque de puertas cerradas, una sobre otra, meticulosamente desordenadas para confundir a los sabios, a los letrados, a los malvados, a los inocentes o a los despiadados. Busca un bosque sin certidumbres, donde se deja de mandar sobre el futuro porque sólo se encuentra el presente, enredado entre casas inertes en pueblos vacíos que huelen a hierba. El sabor de una zarza, la picadura de una libélula insolente o una estrella fugaz, pintada en abanico, marcarán tu destino.

(A los que caminan, siempre adelante, sólo adelante: Buen Camino)