La Coctelera

LA MALA VENTURA

andamiajes, conjuros, moratorias y hechicerías

16 Junio 2008

Elegías del mes de Junio

Llanto por un gato muerto
a manos de los tres niños
camuflados en un juego.

Lamento por una orquídea
con raíces anegadas,
ahogada por el descuido
de su torpe jardinera.

Duelo por las esperanzas
de quince trabajadores,
que han perdido su batalla
en los estrados del miedo.
Y ya, no les queda nada.

Luto, por ese poeta
del que todos se han reído
en la verbena del pueblo y
¡silencio!, por la poesía
que ya no querrá exhibirse
en las plazas del deseo.

Edgar Degas
Bailarinas en Azul (detalle)

(Por incomprendidos,
como nunca, a los poetas)

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9 Junio 2008

Murmullo

¿Eres capaz de tomar esta decisión y creer que así lo has hecho, de aquí hacia siempre? ¿A no engañarte guardando una vela apagada? ¿Te atreves a salir al desierto sin volverte a mirar atrás, sorbiendo sangre fría de cebolla amarga por única posibilidad? ¿Y a vivir en un cuarto, cerrado y abierto, con sólo una ventana? ¿A alimentarte de aceite y sal, después de recoger el trigo, pero sólo el que has sembrado? ¿Recorrerías el campo, cruzando llano, subiendo monte, para encontrar el sendero hasta este umbral, sin entrar dentro? ¿Te comprometes a no prestar tus sueños, a no empapucharlos de agua sucia, a resguardarlos del terremoto y lavarlos sólo con lluvia?

¿Estarías dispuesto a descontar, una a una, las estrellas que se vean desde la cima? ¿A no bajar jamás? ¿A llorar con la tristeza? ¿A quedarte callado ante el silencio? ¿A no entrar en los recintos marcados con tinta china o puertas blancas?

¿Podrás soportar el escociente agujeo, la tentación de cambiar lo que es claro, con artes de magia, en lugar de respetar la libertad, los ritmos, rigurosos, de cada minúscula partícula de mi cuerpo?

(A los que quieren,
sólo, crecer.
Y no te mienten)

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4 Junio 2008

Victoria

Victoria ha crecido cinco palmos este mes. Eso a pesar de que, cuando nació, todos los especialistas que la vieron fruncieron el ceño y, muy serios, diagnosticaron que los problemas congénitos de su alma vaticinaban un futuro tan poco cierto como probable, denostando lo posible.

Victoria sobrevivió al fracaso de todos los que incomprendieron que quisiera aprender a caminar cuando todo apuntaba a que nunca lo haría. Ese fue su primer triunfo. Sobre lo absolutamente esperado, Victoria consiguió andar. Mucho más firme y segura de lo que otros, con sus fisionomías completas, conseguirían nunca. Se chocó tantas veces con los bordes de las mesas, con los pomos de las puertas, con las patas de las sillas del salón enjaretado, con los jarrones de flores secas mantenidas con colonia, con los cristales visibles que se limpiaban para ocultar la decadencia, con los marcos de los cuadros, imponentes, que llegaban hasta los suelos de las largas galerías iluminadas que tenía que recorrer para llegar hasta el silencio, y, tantas y tan fuertes esas caídas, que a cada levantada más sabia en movimientos era.

Victoria es alta, superando lo indecible. Se ha recompuesto desde huesos inexistentes, añicos inencajables y escarcha desmenuzada que tenía dentro. Desde engaños ancestrales, consejos inconsistentes, convenciones apocadas, ritos muertos, mentiras descomunales contadas de boca en boca, pero que nunca creyó del todo. Sobre trampas de sentimientos, chantajes enladrillados en crucigramas de palabras vacías, ha disipado ambigüedades apostando, sólo, por esa intuición sobre lo verdadero que apenas si comprendía.

¿Quién podrá burlar ahora, si no es ella, las verdades que nadie más conoce? Victoria cierta.

No dan crédito. Excepto Victoria. Ni siquiera era consciente, y ahora sí, de cuánto, podía querer.

Amadeo Modigliani. Niña con trenzas.

(Por pocos,
por rotos,
por solos,
a los humildes)

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29 Mayo 2008

Todo

Todo lo de ti, es blanco.

Se transparenta en tus ojos
la claridad, que te aparta
de ser igual que los otros:
los que ignoran si han nacido,
y que viven, sin anhelos,
entorpeciendo a la brisa.

Todo lo de ti, es limpio.

Vuelves a andar los caminos
donde crees que se encuentran
las razones del cariño.
Hasta cuando se ha quebrado,
por los huecos del destino,
vienes, y me recuperas.

Todo lo de ti, es claro.

Si has de irte, siempre dejas,
en las piedras del camino,
un rastro, con uvas nuevas.
Por si quisiera encontrarte,
para que yo siempre pueda.
Bebiéndonos, libres, ambos.

Todo lo de ti, sincero.

Cuando recitas mi nombre,
tú me dices, que soy una,

pues de ti todo me llama,
y, de ti, todo es sencillo.
Y, cuando tomas mi mano,
todo lo de mí, lo mismo.

Constantin Brancusi. The Muse

(A los que nos hacen mejores,
sólo siendo)

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27 Mayo 2008

Estaciones

Ya se va, ya se va, ya sale el tren donde marchas,
descontando los minutos que te ha regalado,
porque sólo ha querido.

Ya se aleja, ya recorre el horizonte arriba,
devolviendo a la distancia razón y sentido,
y dejando su huella.

Ya se pierde. Ya la pierdes, en esa estación.
Entre el gentío, se adentra, para despedirse,
sin que acaso la veas.

(A los que sienten,
sólo porque viven)

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25 Mayo 2008

El mapa de las dos ciudades

Diario de Campo Astral. Página 23.
Fecha, del día de la fecha.


Inquieta y desconcertada, así me hallo. ¿Será tan difícil recuperar mi despertador? Las señales que me incitan a empeñarme en la búsqueda se hacen cada vez menos sutiles y, en su insistencia, advierto la premura de ése, quién sea, que dirige, secretamente, mi agenda de hada en misión de realidades mundanas.

Hace dos noches soñé con relojes que se derretían como si fueran chocolate blanco puesto sobre una plancha de asar tomates. Fue una pesadilla terrible. Primero por el asunto del chocolate, que no hay otro más nocivo para las hadas que ese al que le han quitado toda la sustancia de cacao y sabe a flores. Pero también porque, entre todos esos relojes que desaparecían, lo vi. Lo vi, lo vi, lo vi, sólo un minuto antes de que el sueño se disolviera, como azúcar en el café de la mañana, y ya no lo viera más. Mi despertador se había esfumado en un sueño, como si me culpara todavía por haberlo abandonado en aquel cuento infantil.

Ese día me levanté contrapuesta, que es como indispuesta, pero sin el mismo sentido. Todo un cúmulo de incomprensiones asaltaron mi cabeza. Turulata, anduve así toda la mañana de trabajo. Y también persistió igual la tarde, sin acertar con el teclado del ordenador, que parecía mover de sitio las letras blancas a voluntad ajena, como si la ouija estuviera dominando la voluntad de este aparato fabricado en Japón. En una de esas, persiguiendo a la letra Zeta, de repente el navegador entró, sin que yo cifrase clave alguna, en La Mala Ventura, de nuevo, poniendo delante de mis ojos lectores una nueva misiva cifrada en palabras malabares. "Fuente en el Camino" firmaba un comentario importante, en el que me brindaba dos pistas contradictorias. En una de ellas sugería que mi vuelta a Ítaca era inminente, lo cual me recordó que, ciertamente, había olvidado regresar, como correspondía a la sucesión de los hechos recientes y a la herencia recibida de mis almas antecedentes. Pero, ¿y sin mi despertador? Ahora que sé que debo recuperarlo no sería capaz de volver sin él.

La segunda de las pistas me orientaba, sin embargo, hacia un sitio muy singular. Hablaba de un relojero sabio, conocedor de los misterios encerrados entre agujas y segundos parados, cuyos tiempos habían quedado clausurados por un deseo contrahecho. Vivía paralizado, aprendiendo del no discurrir de las horas cosas que nadie más podría entrever, ni aún cerrando los párpados sobre el iris. Presté mucha atención a las indicaciones que "Fuente en el Camino" me daba para encontrar al relojero inmóvil que, al parecer, podía ayudarme con mi despertador perdido: un camino en forma de Zeta -curiosa coincidencia, puesto que había sido ésa la letra impertinente que me había conducido al mensaje-, dentro de un mapa, con un puente que sobrevuela un río que, extrañamente, no puede fluir, pero que, así de impasible, separa dos ciudades enteras dentro de una sola villa.

Nada decía sobre si las aguas estancadas de ese río eran limpias y frescas, lo cual hubiera sido una ventaja a la hora de buscar entre mis mapas mágicos aquél del que se hablaba. Hay muchísimas más villas divididas por ríos resignados, a causa de la carencia de lluvias, de lo que la gente sabe o cree. Estuve toda una noche, incluso sin estrellas, escrutando todos los mapas encuadernados, y también los que tengo sueltos en pergaminos de plata. Conseguí, aunque fue una tarea agotadora, seleccionar algunos de los que más se parecían a la descripción dada. Y, después de todo ese esfuerzo, terminé agotada.

Decidí, entonces, dormir concienzudamente hasta que apareciera la luz del día, y, luego, esperar de nuevo a la noche, anestesiada en la indiferente rutina de lo cotidiano, aguardando el instante justo en el que todos no me vieran, para trasladarme al primero de los mapas de villas divididas por ríos de aguas quietas. Si había una villa dividida en dos ciudades por un río inamovible, donde además ocurrieran sucesos mágicos, tenía que ser la misma en la que yo moraba. Aquí, donde sigo cumpliendo los dictados de esta misión terrenal, a momentos más compleja. No obstante, yo tenía dudas solemnes. Seguro que no era casualidad el que en cada uno de los mapas de otras villas, todas de ríos quietos y dos mitades enlazadas por puentes altos, figurase una estrella. Y menos todavía coincidencia el que, a la luz de la luna, se mostrasen esos luceros como rosas de los vientos, exactamente iguales que aquélla que me regaló un pájaro amigo, hace casi doce mitades de meses. Demasiadas señales, todas juntas, confusas, profusas y conflictuales. Motivos que atribulaban a un hada tan abrumada como ésta. No obstante, eran esos mismos signos los que me animaron a sacudir de mi ropa nueva todos los recelos que resquemaban. Miedos contagiados desde pesadillas recientes y fiebre presente, que debía dejar caer al suelo ajedrezado de mi habitación, como restos de migas de pan o manchas de chocolate negro. Y, así, cayeron, bailando en el aire al ritmo de plumas, mientras yo recitaba el hechizo.

Y, así, sin más que todo esto que ya he contado, fue como me encontré sumida en una nueva tarea, que casi acabó siendo aventura: la de dar con el Relojero Inmóvil, que guarda el secreto de los relojes perdidos, y que se relata más adelante, o más atrás, según se piense mejor, en la página 26 de este Diario de Campo Astral.

(A los que quieren,
sólo porque quieren)

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22 Mayo 2008

Conejos blancos

Se ha roto el muro que separa
qué es real y qué es inventado.

Hay conejos en las paradas,
donde el autobús ya no llega,
y recorren todas las calles
señalando ese punto exacto
donde encontrarte.

Donde buscarte,
si te he perdido.
O recordarte,
si te he tenido.
O resignarme,
si ya te has ido.
O resguardarme,
si es que ha llovido
sobre mi cama.

Hay conejos en ascensores,
hay conejos en las aceras,
llenas de barro.

(A quienes viven, a este lado,
del espejo)

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19 Mayo 2008

Nunca Chocolate

Recomendación y consejo tomados del "Manual de Trato y Comportamiento de Hadas en Mundo Real", escrito y prologado por una paciente escribiente, que conoce bien las visicitudes, circunstancias y conflictos que conlleva el contraste entre ser, y saber que se es, así como entre creer que se cree, y creer, cosas tan distintas, aunque en esas vive. Capítulo veintibastante, titulado

Nunca Chocolate

Y que comienza enérgicamente diciendo...

¡En ningún caso!, que a nadie se le ocurra permitir o inducir a que un hada ingiera nada así. A las hadas no les sienta bien el chocolate. Por mucho que a algunas les guste mucho, tantísimo que son capaces de comérselo sin depurar, ninguna hada debe comer chocolate mientras esté en estado real. Sólo si tienen un momento de sentido mágico, de los que no siempre es fácil que tengan en sus cotidianas rutinas de disimulo, pueden probarlo y disfrutar de él sin peligro.

No es por eso, no por lo que pueda pensarse, no porque las haga engordar. Hay hadas tan flaquitas que, más bien al contrario, les vendría mejor que nada pesar un poquito más y, con eso, volarían mucho mejor cuando hay viento en contra. Y también a favor. Pero no es por eso, ni porque les salgan granos, que sí que pueden encubrir ellas mismas con el reciclado de polvo mágico que saben recoger de sus hechizos buenos. Es porque enferman, a veces con remedio. Pero otras, sin él.

El chocolate es un misterioso alimento, los seres reales no son conscientes de sus cualidades, pero es tan atractivo para ellos que pocos pueden prescindir de probar un poquito cada cierto número de noches. Casi siempre está en los postres de las fiestas, cuando hay algo que celebrar. Todo es porque el chocolate es mágico, cuanto más puro, más negro, más amargo... más poder tiene para cambiar la realidad. Por eso las hadas, cuando lo comen, no lo metabolizan bien y enferman. Casi siempre con remedio, eso es verdad. Pero se les cambia el color de la cara, pierden luminosidad y les afecta algo como fiebre, que en realidad no es fiebre normal sino la reacción propia que tiene cualquiera que prueba su propia medicina. Deben pasar varios días en cama, y da pena escuchar cómo se lamentan, sin poder hacer nada por buscar las cosas por las que han querido venir a estar en este sitio.

A las hadas sólo puede dárseles chocolate cuando están ausentes, que se ve porque tienen la mirada perdida en un mundo más arriba, o miran fijamente al fondo de los ojos pero el de los suyos es mucho más profundo de lo que cualquiera pueda imaginar.

Fuera de esos casos, nunca chocolate.

Otra cosa sería... hablar de brujas.

(A los que no saben caminar,
sin un poco, de eso,
cuidado, con las hadas caprichosas)

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Sevilla, España
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Aprendiza de artes ocultas y ciencias perdidas. Aquí tengo un lago y, en él, guardada, una luna de cristal que me cuenta historias. Historias que retrato y desmenuzo en palabras. ¿Las vienes a ver?... -La Mala Ventura es una invención original, subtitulada con mil claves, de Miryam R-I Serrano-

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